Cuando las mujeres son nuestros iguales
A menudo se dice que una mujer que obtiene un cargo de importancia tiene que ofrecer mayores pruebas de excelencia que un hombre, como si debiera compensar con mil cualidades algún defecto.
En efecto, las mujeres que acceden a cargos de poder son "sobre-seleccionadas", se le piden más distinciones profesionales a una mujer que a un hombre para un cargo de dirección ejecutiva. Así, casi necesariamente, ellas están más calificadas que los hombres que ocupan puestos similares. Pierre Bourdieu.(1) Hay un aspecto que caracteriza con bastante claridad a este nuevo milenio, y es el papel que juega la modificación del papel de la mujer en la sociedad, debido a su incorporación a distintos ámbitos de la vida social, desde la esfera científica o política hasta el mercado de trabajo, lo que ha tenido como consecuencia una modificación de su papel en la familia y en la estructura de la sociedad. La liberación de las mujeres y su salida al espacio social ha impactado la vida pública y privada. Todo ello también ha influido notablemente en su liberación sexual, en la desmitificación de la virginidad, en la distinción entre sexo placer y sexo procreación, y en el acceso de las mujeres al control y planificación de la natalidad. (1)
Son muchas ya las mujeres que sienten en sí mismas la necesidad de realización social, incluso, con tanta o mucha más fuerza que la gestión de un grupo familiar. ¿Cómo se produce el cambio en estas mujeres? ¿Cómo se piensan a sí mismas? ¿Posee costos el cambio? ¿Cómo subjetivan los roles de género? ¿Cuáles son las estrategias de conciliación de lo público y lo privado? ¿Cómo conquistar, mantener un saber y saber vivir? ¿Cuán amenazante puede resultar desde lo subjetivo una mujer racional, pensante, competitiva para sus congéneres y para el otro género?
Si bien nos congratularnos de los innegables avances de la condición femenina en los últimos 50 años, y militamos por la paridad en política y por el reparto de las tareas domésticas, seguimos determinadas por una visión masculina del mundo que establece la diferencia entre los sexos. Justamente es esa dominación masculina, a la que la historia ha querido conferir un carácter natural, un arbitraje cultural y una construcción sociológica, y que la familia, el Estado y la escuela se empeñan hoy en reproducir.
Consciente de que este es el tiempo de las mujeres quiero detenerme para profundizar sobre la presencia de la mujer en el ámbito público, tratando de explicar, cómo las mujeres se han empeñado incansablemente en equiparar a los hombres, cuál es el lugar que ocupan actualmente en el mundo globalizado, y cuáles son las ventajas y desventajas de la crisis del modelo patriarcal de familia ante el avance femenino en el espacio público.
Ahora el centro de su autoestima se desplaza del recato, la pasividad y habilidades domésticas a su preparación, destreza e iniciativa ante la vida, al aumento de su autoconfianza, seguridad, independencia y juicios propios. Si nos detuviéramos en cómo han sido culturalmente diseñados los roles de género, comprenderíamos que justamente el saber y el poder han resultado históricamente dos espacios a los cuales las mujeres no han tenido fácil acceso. Aristóteles que fue el filósofo que más ha influido en el pensamiento occidental, a partir de su teoría de los humores, consideró a la mujer como un hombre imperfecto o deformado, ya que el semen constituía el origen del alma. Para la teoría aristotélica la masculinidad o la femineidad no tenían nada que ver con la naturaleza sexual de hombres y mujeres, sino que resultaban de la mezcla específica de los cuatro elementos, definiéndose el varón por el movimiento y la hembra por la pasividad, impidiéndole cualquier pensamiento racional.
La creciente presencia de las mujeres en el ámbito de la política, la empresa, la ciencia constituye un elemento novedoso por su magnitud y uno de los sucesos más revolucionarios del siglo XXI. En ellas se sintetizan - al menos potencialmente - las rupturas y discontinuidades más significativas con respecto a los roles de géneros patriarcales y en ellas se expresan importantes emergentes de cambio.
Los cambios socioeconómicos de las últimas décadas han tenido su expresión específica en el sector femenino. La paridad en la contribución económica e incluso ante el hecho de que en ocasiones sea la mujer quien aporte más en este sentido, genera conflictos en cuanto al modo de ejercer el poder. Al hacerse la mujer co-proveedora, la autoridad se comparte y se avanza en un proceso que hace tambalear las jerarquías para moverse hacia relaciones más democráticas y de colaboración. Este hecho contracultural, desde lo tradicional, origina dificultades comunicativas en la pareja, depresión y problemas de autoestima en el caso del hombre, muchas de las cuales no se han concientizado y que se dirimen en el plano de los dobles mensajes, las agresiones, devaluaciones y en detrimento de la vida sexual. Es decir, que el crecimiento profesional de la mujer, su despliegue social exitoso, especialmente si no posee un correlato en la figura masculina, en las condiciones contemporáneas de movilidad de valores, tiene un costo: el estrés familiar y amoroso.
En el proceso complejo de las transformaciones subjetivas, las mujeres avanzan en lo intelectual y lo social, pero sin sólidos recursos psicológicos para satisfacer las exigencias derivadas de aquí, aferradas aún a estereotipos, a pesar de la intencionalidad de romper tradiciones. Estamos ante mujeres atrapadas aún a elementos del rol tradicional de madre - esposa - ama de casa a la cual se añaden proyectos personales y nuevos roles públicos.
Se aprecia así una integración insuficientemente armónica entre lo público y lo privado, con gran costo psicológico, al no resolver dialécticamente el conflicto entre lo asignado y asumido.
Los cambios como los señalados son vistos por el hombre como amenazantes, como el temor a la pérdida de la identidad. Observan con suspicacia el orgullo de la mujer por la independencia y los proyectos propios.
Debemos recuperar la pluralidad personal perdida producto de una cultura y educación machistas. Ello apunta hacia una cultura aliviada de autoritarismo y sexismo. Hacia la creación de condiciones para la superación de la cultura androcéntrica como una de las formas más generalizadas y menos visibles de la discriminación de género. Hacia una masculinidad aliviada de omnipotencia, donde la independencia y la fuerza no se identifiquen con el poder y la competitividad, sino que se articule con la expresividad, apertura, tolerancia al fracaso y al apoyo emocional, con la posibilidad de recuperar los sentimientos, como algo humano y de aceptar la feminidad en tanto apreciación de lo diferente. Apunta también, hacia una feminidad, aliviada de la dependencia y fortalecida en autoestima y seguridad, en la defensa de sus necesidades e identidad personal, en su dimensión activa, emprendedora y a la vez capaz de amar y de definir sus límites.
LA IGNORANCIA MATA ....CONOCER LAS LEYES SOCIALES QUE NOS DETERMINAN NOS PERMITE SUPERARLAS....
domingo 8 de marzo de 2009
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- TENGO LOS GUSTOS PROPIOS DEL LUGAR QUE OCUPO DENTRO DE LOS CAMPOS SOCIALES EN LOS QUE AHORA ESTOY INMERSA
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